A pesar del vértigo grabé el oleaje....el sonido del mar me hipnotiza...
Septiembre 2007,
Valparaíso
A pesar del vértigo grabé el oleaje....el sonido del mar me hipnotiza...
Septiembre 2007,
Valparaíso




Un día viajando en el tren subterraneo entre estaciones se detuvo abruptamente, a penas pude mantenerme de pie. Los pasajeros apiñados, se acomodaron y se disculparon con la mirada. De pronto, un ruido subterraneo, un silencio sepulcral nos invadio. Mi corazón empezó a latir muy rápido. El carro se empezó a mover, es un temblor, es un temblor, las personas comenzaron a gritar para que abrieran las puertas, otros lloraban.





Cuando vives la vida como en una centrífuga y dejas de preguntarte si eres buen amigo, o si has sido bueno o no; y solo participas del movimiento que la centrifuga determina. Te secas, te arrugas porque ella estruja tus pensamientos y emociones convirtiéndote en un ser que vive de recuerdos y exclamando – “cuando tenga tiempo voy a ...” o - “si puedo mañana voy a...”.
En la guantera del auto tengo un cd con los valses de strauss y me puse a pensar por qué, entonces nuevamente detengo mi tiempo presente para trasladarme al pasado y se me vino a la memoria un momento muy especial de mi niñez.
La historia acontece en el cerro Alegre, en la casa número 504 en Valparaíso. Vivía con mis papás y hermanos en una casa vieja muy antigua de varandas café (http://www.galeriaescalante.cl/). Una casa de techos altos, un pasillo largo, ventanas alargadas, piso de madera vieja de esas que crujen, poca luz natural y atrás un pequeño patio de cemento.
Mi mamá era modista y en las noches se sentaba a coser distintas piezas de ropa. Mis hermanos y yo nos acostabamos todos en una misma cama al lado de su máquina de coser “Singer”. Sintonizaba la radio Fundación, emisora que transmitía música clásica, en un mueble de radio de esos antiguos, de esos que quedan pocos. Así, entre el Lago de los Cisnes y los Valses de Strauss, escuchabamos la voz profunda del locutor de radio que repetía “Somos radio Fundación”... “eres un fundadito”.
Mientras la mamá cosía silvando afinadamente al ritmo de la melodía, yo y mis hermanos jugabamos; el Edu se transformaba en el director de la orquesta, tomaba una batuta igual que los grandes directores y por unos minutos comenzaba a llevar la música seria, concentrado, hasta que de repente, terminado el transe, nos pegaba en la cabeza con la batuta al ritmo de la musica, claro que a mi y a mi hermana no nos gustaba entonces lo perseguiamos por toda la casa para devolverle el golpe, ja,ja,ja!...qué momento!!! Ni la música clásica nos tranquilizaba.
En cambio hoy escucho los Valses de Strauss cuando voy manejando mi auto en la congestionada cuidad de Santiago, entre micros y autos estresados, bocinas estridentes y peatones acelerados...en fin, así es la vida...
Reviso nuevamente las fotos antiguas y encontré una donde estoy con mis hermanos Eduardo y Lorena. ...nuevamente tengo miles de preguntas sin respuestas...
La primera que se me viene a la cabeza es quién nos tomó la foto...no lo sé.
Tampoco sé el año de la foto pero por los escalones que están a nuestras espaldas estabamos en el cerro Las Cañas en Valparaíso por el año1971, si es así, Eduardo, el Edu tendría unos 5 años, Lorena, la Lore 3 y yo 4 años. Viviamos con mis papás en la casa de mis abuelos Matilde y Arturo, también vivia mi tía Judith hermana de mi mamá.
No sé por qué no puedo dejar de mencionar que frente a nosotros había un papayo donde colgaban una jaula con un gorrión que silvaba cada vez que mi tata Arturo o mi mamá le silvaban.
También recuerdo que para llegar a esta casa subiamos muchos escalones de cemento los que terminaban en una casa donde vivía una abuela con su hijo que ya tenía sus años y muchos gatos gordos y grandes, en la noche apenas se divisaban sus siluetas pero sus ojos eran enormes y brillaban con la luz, me asustaban.
El Edu era muy inquieto y travieso, yo también lo era, en cambio la Lore era tranquila y muy apegada a la mamá.
Jugabamos y peliabamos mucho, cuando jugabamos a vender la Lore era la cliente, cuando jugabamos al doctor la Lore era el paciente, cuando jugabamos a los astronautas la Lore era el marciano y si jugabamos a los vaqueros ella era la villana... jajaja!...no le quedaba elección era la menor.
El travieso Edu se le ocurría jugar a la peluquería, él era el peluquero y mi hermana y yo eramos las clientas, claro está que el juego era con tijeras de verdad y nos cortaba el pelo de verdad, siempre terminabamos con chasquilla corta y disparejas...mi hermano y sus ocurrencias.
A mi me gustaba jugar en la calle en un cerro típico de Valparaíso, en una de las lomitas me tiraba sentada en un cartón, era entretenido, la mayoría de las veces terminaba sentada sobre el suelo sin el cartón con mis calzones llenos de tierra y rotos ...hasta que un día había una piedra que sobresalía y mientras bajaba a toda velocidad, según mi imaginación infantil, topé una piedra con uno de mis pies y me fui de bruces quedando de guata sobre el suelo, me rompí las rodillas, me sangraban. No lloré pero me ardía mucho, mi rodilla tenía tierra revuelta con sangre, me fui a la casa a pesar que sabía que me iban a curar con agua oxigenada y metapío...Puchas! que me dolía...
Hoy, treinta años despúes revisando esta foto en blanco y negro que en sí ya es muy antigua, es muy especial porque me traslada a una época donde era muy feliz y a la vez me llama la atención porque en los rostros de los niños de la fotografía, en la sonrisa del Edu y la mia y, la mirada temerosa de la Lore me encuentro con los rasgos de mis hijas y de mis sobrinos, estamos en ellos.
También veo como el tiempo a pasado y esos niños de la foto de miradas inocentes que creian en el viejo pascuero siguieron su camino y hoy, ya canosos, vivimos separados por las distancias geográficas pero unidos por los recuerdos de nuestra niñez y adolecencia, buenos y malos recuerdos, recuerdos.
Como hijos somos la prolongación de nuestros padres y los únicos que sin saberlo, sin darnos cuenta, en nuestros gestos, formas físicas y formas de actuar, cada uno de mis hermanos y yo llevamos un pedacito de nuestra mamá que en paz descansa y los que heredamos a nuestros hijos, somos recuerdo vivo.
